Northia

Cómo retomar un libro que dejaste a medias, sin culpa

Lectura de 7 min

Dejar un libro a medias no es un fracaso: la vida se metió en medio. Aquí tienes cuatro pasos concretos para volver a él hoy, aunque ya no recuerdes de qué iba ni en qué página te quedaste.

Por qué cuesta tanto volver a un libro que dejaste

Muchas veces no dejamos un libro porque lo decidimos. Lo dejamos porque llegaron los parciales, el cierre de mes, una mudanza o una gripe. Pasan dos semanas, luego dos meses, y el libro sigue en la mesa de noche con el separador en la página 147.

Cuando por fin quieres volver, aparecen dos frenos. El primero es práctico: no recuerdas quién era quién ni por qué pasaba lo que pasaba. El segundo es emocional: sientes que fallaste y que retomarlo es admitirlo. Los dos tienen solución, y ninguna pasa por empezar desde la página uno.

Aquí no vamos a discutir si vale la pena retomarlo. Vamos al cómo. Son cuatro pasos y puedes hacer el primero esta misma noche.

Paso 1: decide si todavía quieres leerlo

Antes de abrirlo, hazte una pregunta honesta: ¿lo dejé porque me faltó tiempo o porque me faltaron ganas? No es lo mismo. Si fue el tiempo, el libro sigue esperándote. Si fueron las ganas, quizá no era su momento, y eso también está bien.

Una prueba sencilla: lee la contraportada o el primer párrafo del capítulo donde te quedaste. Si sientes curiosidad, sigue con el paso 2. Si sientes peso, apártalo sin drama. Dejarlo no es tirarlo. En el blog de Lecturalia, Yolanda Galiana lo propone para los libros que no encajan con tu ánimo del momento.

Apártala a un lado, lee otra cosa más afín a cómo te sientes y, cuando estés preparado, regresa a ella.

— Yolanda Galiana, «5 razones por las que dejar un libro a medias», blog de Lecturalia

Si decides seguir, decídelo de verdad. Ponle una fecha y una hora para retomarlo, aunque sea mañana a las 9 de la noche. Así deja de ser una deuda vaga y se vuelve un plan pequeño.

Ese plan pequeño tiene respaldo. En psicología se llama intención de implementación: decidir de antemano cuándo, dónde y cómo vas a hacer algo, con la forma «si llega tal momento, entonces hago tal cosa». Los psicólogos Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran reunieron en un metaanálisis los experimentos que habían probado este tipo de planes.

Conviene leerlo con cuidado. Esos estudios no eran sobre lectura, sino sobre metas de todo tipo, y un efecto promedio no garantiza nada en tu caso. Aun así, sugiere que «mañana a las 9, en el sillón, leo diez páginas» te acerca más al libro que un «ya lo retomaré».

Paso 2: reconstruye la historia con lo que tú anotaste, no con resúmenes

Lo primero que se nos ocurre es buscar un resumen en internet. Pero conviene empezar por tus propias huellas, y la diferencia es grande.

Un resumen de internet

  • Cuenta el libro completo
  • Es muy fácil leer de más y enterarte del final
  • Te dice qué pasó, pero no qué te importó a ti

Tus propias huellas

  • Llegan solo hasta donde leíste
  • No te adelantan nada
  • Te devuelven lo que te llamó la atención
  • Notas y subrayados: hojea las páginas que ya leíste y lee solo lo que marcaste. En diez minutos recuperas el tono y los temas.
  • Citas guardadas: si copiaste frases en una libreta o en el celular, reléelas. Una buena cita trae de vuelta toda una escena.
  • Palabras nuevas: si anotaste términos o nombres raros, repásalos. En novelas con muchos personajes, eso te devuelve el mapa.
  • El índice: los títulos de los capítulos que ya leíste funcionan como un resumen que no adelanta nada.
  • La contraportada y la solapa: te recuerdan la premisa sin contarte el final.

Si no tienes ninguna nota, no pasa nada. Busca un resumen por capítulos y lee únicamente hasta el último que terminaste. Si el libro es parte de una saga, mejor una guía de personajes que una sinopsis general.

Imagina a alguien que estudia Derecho y dejó una novela larga en la mitad por los parciales. Al volver, no distingue a dos personajes con nombres parecidos. Si relee sus subrayados y anota en una hoja quién es quién, en un cuarto de hora puede estar lista para seguir.

Paso 3: retrocede un capítulo antes de seguir

No empieces exactamente donde está el separador. Retrocede un capítulo, o unas diez a veinte páginas si los capítulos son largos. Esa relectura corta tiene tres ventajas:

  1. Recuperas la voz del autor y el ritmo de la prosa, que a menudo se olvidan antes que la trama.
  2. Llegas al punto donde te quedaste con impulso, no en frío.
  3. Si te das cuenta de que no recuerdas nada, sabes que necesitas retroceder un poco más, y no ochenta páginas de golpe.

¿Y si el libro es de no ficción? Ahí es aún más fácil. Los libros de ensayo, negocios o divulgación suelen poder leerse por capítulos sueltos. Relee la introducción del capítulo actual y sigue. No necesitas recordar todo lo anterior para aprovechar lo que viene.

La única regla: no vuelvas a la página uno salvo que lleves muy poco leído. Empezar de cero es la forma más rápida de volver a dejarlo a medias.

Paso 4: fija un ritmo pequeño y un lugar concreto

Al retomar, la tentación es recuperar el tiempo perdido leyendo durante horas un domingo. Suele salir al revés: te cansas y el libro vuelve a la mesa de noche. Lo que funciona es un ritmo tan pequeño que no tengas que negociarlo contigo.

  1. 1

    Elige una cantidad mínima

    Diez páginas o quince minutos. Si un día lees más, bien. Si no, cumpliste.

  2. 2

    Pégala a algo que ya haces

    El café de la mañana, el trayecto en bus o metro, o los minutos antes de dormir. Es el mismo «si pasa esto, entonces leo» del paso 1.

  3. 3

    Deja el libro a la vista

    Ponlo donde vayas a estar a esa hora, no guardado en un cajón.

  4. 4

    Anota la página al terminar

    Saber dónde vas evita el problema de hoy la próxima vez.

¿Cuándo lo terminarías a ese ritmo? Pon las páginas del libro, la página en la que vas y cuántas lees al día. A veces lo que falta es menos de lo que parece.

Te faltan 240 páginas: unos 16 días

A 15 páginas al día, son 16 días de lectura.

80 de 320 páginas (25 %)

Cada punto es un día de lectura.

Cambia las páginas del libro, dónde vas y cuántas lees al día para ver cuántos días te faltan y cuándo terminarías.

Piensa en alguien que trabaja en contabilidad y que cada cierre de mes se queda sin cabeza para leer. En lugar de prometerse una hora diaria, puede leer diez páginas en el camión de regreso. Algunas semanas avanzará poco. Pero el libro ya no se le quedará olvidado tres meses.

«Sin avance» es un estado, no un fracaso

Un libro que no has tocado en semanas no está abandonado ni perdido. Simplemente está sin avance. Pensarlo así cambia mucho: un estado se puede cambiar mañana con diez páginas. Un fracaso, en cambio, pesa y te aleja del libro.

También ayuda separar las pausas que elegiste de las que solo pasaron. Si te fuiste de vacaciones o estuviste enferma, esos días no cuentan como días sin leer: estabas en pausa.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor empezar el libro desde el principio o seguir donde lo dejé?

En la mayoría de los casos, conviene seguir. Retrocede un capítulo o unas diez a veinte páginas para recuperar el ritmo. Empezar desde cero solo tiene sentido si llevabas muy poco leído o si el libro depende de detalles que ya olvidaste por completo.

No recuerdo de qué iba el libro que dejé, ¿cómo lo recupero sin que me cuenten el final?

Empieza por tus subrayados, notas o citas guardadas, y luego por el índice y la contraportada. Si necesitas un resumen, busca uno por capítulos y lee solo hasta el último que terminaste. En sagas, una guía de personajes es más segura que una sinopsis general.

¿Cuánto tiempo debo leer al día para no volver a dejarlo?

Menos de lo que crees. Diez páginas o quince minutos ligados a algo que ya haces, como el trayecto o el café, suelen sostenerse mejor que una meta grande. Lo importante es que puedas cumplirlo incluso en una semana pesada.

¿Está mal abandonar un libro definitivamente?

No. Si lo dejaste porque no conectabas con él, soltarlo es una decisión válida. También puedes apartarlo y volver cuando sea su momento. Lo que conviene es decidirlo, para que no se quede como una deuda pendiente que te frena a leer otros libros.

¿Cómo evito que me vuelva a pasar con el próximo libro?

Anota la página cada vez que termines de leer y, cuando sepas que vas a pausar, escribe dos líneas sobre dónde ibas y qué te intrigaba. Guardar algunas citas y nombres mientras lees también hace que retomar sea cuestión de minutos.

Sigue leyendo