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Posponer tareas todo el tiempo: no es pereza, es información

Lectura de 8 min

Si pasas la misma tarea de lunes a martes y de martes a la próxima semana, no tienes que pelearte contigo. Esa tarea te está diciendo algo. Aquí verás cómo leerlo y qué hacer hoy con ella.

Una tarea que se mueve mucho no es un fracaso, es un dato

Casi todo lo que se escribe sobre por qué pospones habla de la procrastinación en general. Está bien saberlo. Pero si abres tu lista un miércoles en la noche, eso no te ayuda mucho. Lo que tienes enfrente es una tarea concreta que ya moviste varias veces.

Por eso conviene cambiar la pregunta. No te preguntes por qué siempre dejas todo para después. Pregúntate cuántas veces moviste esta tarea y qué te dice eso. Casi nunca lo pospones todo: vas a clases, entregas reportes, pagas la luz. Lo que se repite es un grupo pequeño de tareas que vuelven a caer al final de la lista. Y ese patrón se puede leer sin castigarte.

Primer paso: cuenta cuántas veces la moviste

Puedes hacerlo hoy, en diez minutos, con lo que ya usas: una app, una agenda de papel o las notas del celular.

  1. 1

    Marca las que siguen pendientes

    Revisa tu lista y marca las tareas que tenían fecha y todavía no hiciste.

  2. 2

    Busca su fecha original

    En cada una, intenta recordar para cuándo era al principio. Si la escribiste en papel, busca la primera vez que aparece.

  3. 3

    Anota cuántas veces la cambiaste

    Escríbelo al lado, aunque sea aproximado. No hace falta que sea exacto.

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    Separa las de tres o más

    No es un dato de ningún estudio, es una regla sencilla: una vez puede ser un imprevisto, pero desde la tercera vale la pena mirarla con calma. Las demás, déjalas en paz.

Quizá te queden solo unas pocas. No es una lista de culpas. Es un mapa de dónde está trabado tu sistema.

Qué te está diciendo esa tarea

Piers Steel, profesor de la Universidad de Calgary, reunió buena parte de lo que se había investigado sobre procrastinación en un metaanálisis publicado en la revista Psychological Bulletin. Es uno de los trabajos más citados sobre el tema.

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Correlaciones de distintos estudios sobre procrastinación que Piers Steel reunió y comparó en un solo análisis.

Steel, 2007

Son relaciones, no causas probadas: el análisis muestra qué suele aparecer junto a la procrastinación, no qué la provoca en tu caso. Aun así, sirve como guía. Llevado a tu lista, se vuelve un puñado de preguntas concretas. Toma cada tarea que separaste y fíjate cuál de estas razones encaja.

  • Es demasiado grande o no tiene un primer paso claro. «Avanzar la tesis» es un proyecto, no una tarea. «Sacar el pasaporte» se mueve porque no sabes si primero se paga, se agenda la cita o se juntan documentos.
  • Depende de otra persona. «Cerrar la cotización» no avanza porque esperas los precios del proveedor. Por más que la muevas, no está en tus manos.
  • La fecha era inventada. Pusiste «ordenar el clóset» para el sábado porque sí, sin ninguna razón real.
  • Ya no te importa. «Empezar el curso de Excel» tenía sentido en enero. Hoy ya no lo necesitas, pero borrarlo se siente como rendirte.

Si eres estudiante, «estudiar para el parcial de estadística» casi siempre se mueve por la primera razón, porque nunca sabes cuándo terminaste. Si trabajas, «llamar al banco por el cobro duplicado» suele moverse porque no sabes qué datos tener a mano. Detectar la razón ya es la mitad de la solución, porque cada una tiene su salida.

Mover la tarea por inercia suele aliviar un rato, pero el alivio dura hasta que vuelve a aparecer. Por eso las tres salidas que siguen no te piden aguantar la incomodidad a la fuerza. Te piden tomar una decisión sobre la tarea.

Salida 1: dividirla hasta que el primer paso sea obvio

Sirve cuando la tarea es grande o no sabes por dónde empezar. Encaja con lo que encontró Steel: si no sabes qué hacer primero, es más difícil confiar en que puedes hacerlo.

  • «Avanzar la tesis» se vuelve «Releer los comentarios del asesor sobre el capítulo 2», «Buscar tres artículos sobre el tema» y «Escribir un párrafo de la introducción, aunque quede feo».
  • «Sacar el pasaporte» se vuelve «Buscar en la página oficial qué documentos piden», «Pagar el arancel» y «Agendar la cita».
  • «Estudiar para el parcial» se vuelve «Hacer los ejercicios 1 al 5 de probabilidad» y «Revisar los que fallé con la guía».

Ponle fecha solo al primer paso. Los demás pueden esperar sin fecha. Si la tarea depende de otra persona, el primer paso es tuyo: «Escribirle al proveedor para pedirle los precios antes del jueves».

Salida 2: cambiarla de fecha, pero a propósito

Mover una tarea no tiene nada de malo. El problema es moverla por inercia, solo para que deje de estar en la lista de hoy. Moverla a propósito es elegir un día porque ese día sí tiene sentido.

Moverla por inercia

  • La pasas a mañana porque hoy no quieres verla.
  • No cambia nada entre hoy y el día nuevo.
  • Vuelve a aparecer y la mueves otra vez.

Moverla a propósito

  • Eliges un día porque ese día algo es distinto.
  • Sabes qué tiene que pasar antes.
  • Dejas un paso previo con su propia fecha.

Antes de cambiarla, hazte dos preguntas. ¿Qué va a ser distinto ese día? ¿Hay algo que deba pasar antes? Si la respuesta es «nada», probablemente la vuelvas a mover. Si es «el viernes salgo temprano» o «el lunes ya tengo el estado de cuenta», esa fecha tiene una razón.

Un ejemplo: «Declarar impuestos» lleva tres semanas moviéndose. En lugar de pasarla a mañana otra vez, revisas cuándo vence de verdad. Ves que tienes hasta fin de mes y la pones para el sábado en la mañana, cuando tienes la computadora libre. Además, dejas un paso para el jueves: «Juntar las facturas en una carpeta». Ya no estás postergando, estás planeando.

Hay un beneficio extra en hacer ese plan. Los psicólogos E. J. Masicampo y Roy Baumeister estudiaron qué pasa en la cabeza con las metas que quedan sin terminar.

Conviene leerlo con cuidado. Fueron experimentos de laboratorio, con efectos medidos en el momento, y lo que mostraron es que la meta deja de ocupar la cabeza, no que planear garantice que la cumplas. Los propios autores notaron que el efecto dependía de qué tan en serio iba el plan. Pero es una buena razón para no mover la tarea a ciegas: una fecha con un primer paso claro le permite a tu cabeza soltarla hasta ese día.

En tu cabeza

Ruido mental: alto

  • Pagar la luz
  • Entregar el informe
  • Llamar al dentista
  • Comprar el regalo de Ana
  • Renovar el pasaporte

Anotado

  • Aquí aparecen los pendientes que ya tienen su día.

0 de 5 anotadas. Ruido mental: alto.

Los pendientes sin plan siguen dando vueltas; con un día y una hora, se calman. Basado en Masicampo y Baumeister (2011), «Consider it done! Plan making can eliminate the cognitive effects of unfulfilled goals», Journal of Personality and Social Psychology, 101(4), 667-683. doi.org/10.1037/a0024192. Bluma Zeigarnik (1927) ya había descrito que recordamos más las tareas interrumpidas que las terminadas.

Salida 3: soltarla también es una decisión

Hay tareas que se mueven porque, en el fondo, ya decidiste no hacerlas y no te lo has dicho. Tenerlas en la lista te cuesta algo: cada vez que las ves, gastas un poco de atención y sientes que debes algo.

Pregúntate: si esta tarea desapareciera hoy, ¿qué pasaría? Si la respuesta es «nada grave», puedes soltarla. Soltar no es fallar. Es reconocer que tus prioridades cambiaron o que la tarea nunca fue tan importante como parecía.

  • Bórrala si ya no tiene sentido, como el curso que ya no necesitas.
  • Guárdala en una lista aparte, sin fecha, si todavía te interesa. Así no aparece cada mañana pidiéndote cuentas.
  • Delégala si alguien más puede hacerla, como pedirle a tu hermano que llame al técnico.

Al final, cada tarea que separaste debería quedar dividida, con una fecha que tenga razón o fuera de tu lista. Ninguna de las tres salidas te pide sentirte mal.

Preguntas frecuentes

¿Por qué pospongo las cosas aunque sé que son importantes?

Saber que algo es importante no lo vuelve más fácil de empezar. A veces la tarea es demasiado grande, no tiene un primer paso claro o te resulta desagradable. Fíjate cuál de esas razones le queda a la tarea que estás moviendo y elige la salida que le toca: dividirla, darle una fecha con razón o soltarla.

¿Cuántas veces es normal posponer una tarea?

No hay un número oficial. Moverla una o dos veces suele ser parte de la vida, porque surgen imprevistos. Una regla práctica: si la misma tarea ya va por su tercer cambio de fecha, vale la pena detenerte a mirarla. Más que el número exacto, importa ver el patrón.

¿Cómo dejo de aplazar pendientes sin sentirme culpable?

Trata cada tarea que se mueve mucho como un dato y no como un juicio sobre ti. Cuenta cuántas veces la moviste, pregúntate por qué y decide: dividirla, cambiarla de fecha a propósito o soltarla. Cuando decides, la tarea deja de quedar en el aire.

¿Y si siempre dejo todo para después, no solo algunas tareas?

Haz la cuenta igual. Puede que descubras que son unas pocas tareas las que se repiten. Si de verdad te pasa con casi todo, durante mucho tiempo, y te causa malestar, vale la pena hablarlo con un profesional de salud mental.

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